Robben no deslumbra con su juego, pero sí con sus continuas lesiones. El holandés está a punto de entrar en el ‘club’ de los ‘jugadores de cristal’, junto con Vicente, Ronaldo y compañía.

Hay jugadores de fútbol que se lesionan con extrema facilidad. Suelen ser futbolistas con clase que no pueden cumplir sus expectativas debido a sus frecuentes lesiones. La mayoría de las veces no son lesiones graves, sino pequeños problemas.

La recientes lesiones del holandés Arjen Robben y del argentino Gabi Heinze nos recuerdan a este tipo de jugadores. La dirección deportiva del Real Madrid fichó al holandés aun a sabiendas de sus continuos problemas. Pero claro, fue una promesa electoral, y había que cumplir. No obstante, no son los únicos jugadores de cristal del Real Madrid, equipo que a pesar de ser líder incuestionable de la Liga ha visto cómo varios de sus futbolistas han tenido multitud de problemas. Pepe tampoco ha tenido fortuna y se ha perdido muchos partidos de la presente temporada, a pesar de su gran rendimiento cuando juega. Curiosamente, Robben, Heinze y Pepe llegaron este verano a la entidad blanca: sus fichajes fueron acogidos con ilusión (de hecho, lo poco que han jugado lo han hecho bastante bien, sobre todo Pepe y Heinze), pero con el tiempo, y debido a sus continuos problemas, se ha llegado a cuestionar su contratación. Por si fuera poco, a este selecto grupo se puede unir la torre alemana, Metzelder.

Pero el Madrid no es el único club que sufre esta oleada. Por supuesto que no. En su vecino del Manzanares también están que trinan. El ejemplo más reciente es el del italo-brasileño Motta, ex del barça, futbolista al que ha sido casi imposible verle esta temporada vistiendo la camiseta Atlética. Acuérdense también del pequeño Ibagaza, jugadorazo al que las lesiones no dejaron triunfar en su paso por la entidad rojiblanca.

Y qué decir de ‘tobillos de cristal’ Vicente, un futbolista que está más tiempo fuera de los campos que dentro de ellos. Tras ser un jugador decisivo en el Valencia bicampeón de UEFA y Liga, el extremo ha vivido un calvario de lesiones que además le han apartado de la ‘Roja’.

En Barcelona también encontramos casos similares. El equipo catalán sobrellevó las lesiones de Motta y ha sufrido también las de su gran estrella: la ‘Pulga’ Messi. Desde que el delantero argentino llegó al primer equipo del Barça, todas las temporadas se ha perdido un puñado de partidos debido a sus continuos lesiones. De hecho, Messi se perdió la final de la Champions frente al Arsenal hace dos años, el año pasado se perdió gran parte de la temporada, y en la actual ya se ha perdido el clásico frente al Madrid, y se va a perder además la eliminatoria de Copa ante el Sevilla. El francés Henry amenaza asimismo con convertirse en un caso similar debido a la lesión crónica que padece en la espalda.

Pero la lista es mucho más numerosa y no se limita a los clubes grandes. El argentino Aimar o el brasileño Savio son otros claros ejemplos. En el Athletic, Yeste y Etxeberría recaen con frecuencia, al igual que De la Peña. Y todavía nos falta Ronaldo. El delantero brasileño no ha jugado prácticamente nada desde que se marchó al Milán, y cuando lo ha hecho se ha vuelto a lesionar. En Madrid estos problemas eran ya de conocimiento público. Y, por favor, acuérdense del defensor inglés Woodgate. Qué gran fichaje de Florentino. Y encima vino porque Milito (sí, el central que ahora juega en el Barça) estaba supuestamente lesionado. Vaya huevo pusieron los médicos del Madrid.

Los nacionalismos periféricos de este país, insaciables en su campaña de acoso y derribo al Estado español, han puesto ahora su trasnochada mirada en el fútbol.

Tres gobiernos autonómicos (País Vasco, Cataluña y Galicia), formados todos ellos por coaliciones un tanto estrafalarias, se han unido en la llamada Declaración de San Mamés para fomentar la participación internacional oficial de las selecciones ‘nacionales’ de fútbol de sus ‘naciones’. 

Para ello han empleado un original eslogan: “Una nación, una selección”. Eslogan muy propio de la ideología de estos gobiernos autonómicos basados en el insulto a todos los españoles que piensan de manera diferente.

Pero, ante este dislate, ¿no tiene nada que decir la Federación Española de Fútbol? ¿No tienen nada que decir los clubes implicados en el asunto? Porque son ellos los que a fin de cuentas tienen la última palabra. ¿Callan porque apoyan esta Declaración o porque tienen miedo a contravenir el poder político?

Algunos presidentes de ciertos clubes deberían darse cuenta de que el fútbol está por encima de las ideologías; incluso, por encima de ideologías anticuadas y peligrosas como los nacionalismos. España entera está sembrada de peñas del Barça; a este paso, cada vez serán menos. Lo mismo sucederá con clubes como el Athletic y el Depor.

Pienso que los clubes implicados en la Declaración de San Mamés deberían pronunciarse al respecto. Deberían decir qué piensan de este disparate. Y, si están de acuerdo, que el año que viene jueguen ya cada uno su propia Liga. Porque para hacer una selección, lo mejor sería jugar una Liga propia… ¿O no se atreven a eso? ¿A eso no, verdad?

Yo pensaba que en España, por mucho que se empeñaran los nacionalismos, siempre nos quedaría el fútbol como nexo, como un sentimiento de unión tan fuerte que ningún político inepto, en este país de políticos ineptos, conseguiría quebrantarlo. Y eso es precisamente lo que pretende la citada Declaración de San Mamés. Triste final para tan gloriosa catedral.

Tres clubes de 2ªB sacaron los colores a Madrid, Barça y Sevilla, equipos que descubrieron, salvo decorosas excepciones, el exiguo valor de sus banquillos

“Nos hemos relajado demasiado”, admitió Frank Rijkaard, que no supo explicar muy bien el empate de los suyos frente al Alcoyano, equipo que no logró la campanada en casa de un Barcelona que celebró el año nuevo brindando un desastre viejo. No obstante, los de Alcoy celebraron el empate ante los blaugrana como si de un ascenso de categoría se tratara.

 

“Hemos sufrido innecesariamente”, dijo Bernd Schuster al final del encuentro ante el Alicante, equipo que tampoco privó al Madrid de los suplentes de su pasaporte a los octavos de la Copa del Rey, pese a que se llegó a ver en la prórroga. Un extraordinario gol de Guti cuando el árbitro iba a pitar el final del encuentro se festejó en el Santiago Bernabéu como si de un partido de Champions se tratara.

 

El actual campeón de la Copa rozó el desastre frente al Denia, que a falta de tres minutos ganaba por 2-3 en el Sánchez Pizjuán. De hecho, hacía nada menos que 24 meses que el equipo andaluz no era eliminado en una competición. Chevantón y Kanouté (de penalti) remontaron en los últimos tres minutos. La afición de Nervión también festejó el pase a octavos como si de una semifinal de la Copa de la UEFA se tratara.

 

Por lo tanto, tres clubes de la tercera categoría del fútbol español les sacaron los colores a los tres equipos más grandes del fútbol español, que descubrieron, salvo decorosas excepciones, la exigua valía de sus banquillos.

 

 

El Atlético de Madrid no pasó del empate ante el Granada 74 de Segunda División, antes conocido como Ciudad de Murcia. Al gol de Mista respondió otro de Aranda. El conjunto andaluz se quedó a un gol de la sonrisa en el Vicente Calderón. El ‘pupas’, como siempre.

 

Madrid y Barça pasaron de ronda, pero dejaron mal sabor de boca y muchos amagos de desastre en el camino. No obstante, seguirán siendo los principales favoritos para ganar una Copa que centralizará grandes dosis de atención durante el mes de enero: los octavos se disputarán los días 9 y 16, y los cuartos de forma inmediata: 23 y 30. El sorteo de octavos se celebrará mañana.


 

 

 

Ahora que acabó el año, es el momento de los balances. Y, sin que sirva de precedente, en esta ocasión hablaremos bien de don Ramón Calderón. Son las cosas de la edad, los polvorones, los cubatas y la Navidad.

En pleno ciclo triunfador del Barça, y tras tres años en blanco, llegó Calderón a la presidencia de la mayor entidad futbolística de la Tierra. Nada más llegar, incumplió todas sus promesas electorales. Aun así, en su primer año de mandato Calderón ganó la Liga de fútbol y la de baloncesto, hecho deportivamente inapelable. Pero ahí no acabaron sus ímpetus de gloria.

Ramón Calderón se cargó a Fabio Capello después de ganar la Liga. Lo lógico, lo inteligente, lo que hubiera hecho alguien veterano, hubiera sido dejarlo en el puesto. Así no arriesgaba nada. Sin embargo, lo puso de patitas en la calle. A mí personalmente me pareció un error, pero ha acertado plenamente. Fue valiente y acertó.

Pero ahí no acabó su temeridad. Buscó a alguien que le garantizase espectáculo, lo que anhelaba la afición madridista: Bernd Schuster. No buscó un entrador consagrado, sino que apostó por el alemán. Y volvió a acertar, a pesar de que muchos digan que este rubio es igual que Capello. Su mentalidad futbolística no es la misma, y los títulos además están por llegar.

Luego está el apartado de fichajes, que siempre son del presidente, le pese a quien le pese. Sneijder, Heinze, Pepe o Van Nistelrooy son la muestra de que don Ramón volvió a acertar, al margen de incumplir promesas electorales y gastarse una millonada exagerada en ciertos jugadores. Un equipo a golpe de talonario sustentado en la vieja escuela de Raúl, Casillas, Guti y Ramos. Ese es el Real Madrid que comanda la Liga.

El otro día el Madrid dio un baño al Barça en el Camp Nou. Muchos hablaron de cambio de ciclo, pero bien es verdad que no hay que precipitarse, todo está aún por ver. No fue una manita lo que se llevaron los de Rijkaard, pero sí fue un golpe de autoridad, de juego y actitud por parte de los blancos. Calderón disfrutó de su obra desde el palco. Es cierto que ganan los jugadores, pero igual que el presidente tiene su dosis de pañuelos cuando el equipo pierde, también es de justicia concederle su parte de gloria cuando el equipo gana.

En fin, en este año nuevo sólo pedirle a Calderón que perfeccione su presidencia. A día de hoy el proyecto es deportivamente inapelable, pero hay muchas cosas aún por pulir. El Madrid no practica un juego brillante, pero gana. Al 2008 hay que pedirle ganar, pero además jugando bien. Don Ramón y sus hombres están a tiempo de llevar al Madrid a la cima del fútbol mundial.

En el año que se nos va…

Diciembre 26, 2007

El año 2007 ha sido un año inolvidable en el ámbito deportivo; un año para el recuerdo en muchos sentidos y por cuantiosos motivos. En la retina colectiva quedarán siempre los éxitos de los deportistas españoles, tanto nacionales como internacionales, así como las debacles deportivas y las tragedias humanas.En el año que se nos va hemos visto cómo el Real Madrid remontaba hasta el título, ganando una Liga que tenía perdida en marzo. Tras el empate ante el Barça en el Camp Nou, los de Capello volvieron a creer en sí mismos y alcanzaron lo que se antojaba inalcanzable, con suspense incluido. Treinta ligas van ya, al igual que en baloncesto, porque el Madrid vuelve a reinar también en el basket español.

En el año que se nos va, vimos a Messi imitar a Maradona, y vimos cómo su Barça se hundía al estilo más ‘galáctico’. También vimos al Milán, de la mano de un ’ser superior’ de nombre Kaká, reconquistar Europa a costa del Liverpool del recién llegado ‘Kid’ Torres. Vimos asimismo, cómo no, al mejor Sevilla de la historia lograr un hito inolvidable para los de Nervión: doblete de UEFA y Copa. Por supuesto, fue también el año en que el Real Murcia retornó adonde merece estar: a la división de honor del fútbol español.

En el año que se nos va, muchos han sido los nombres propios. Vimos a Alberto Contador coronarse en los Campos Elíseos tras hacernos disfrutar con su explosiva pedalada, y vimos al ruso Menchov llevarse otra vuelta a España. También vimos a Jorge ‘Balboa’ Lorenzo revalizar su mundial de 250 antes de elevarse a la categoría reina. Rafa Nadal se volvía a coronar rey de la ‘Tierra’ antes de caer en la hierba de Wimbledon ante un rival de otro planeta, el gigante suizo Roger Federer. Nadal: rey de la tierra, príncipe de la raqueta. Asimismo, el 2007 fue el año en que Asafa Powel retó al viento y lo venció, coronándose nuevo rey de la velocidad.

En el año que se nos va se celebró el Mundial de atletismo en Osaka, y Valencia se convirtió en el centro del mundo de la vela. Vimos a España dominar el fútbol sala europeo, y dimos la campanada en Voley. En nuestro Eurobasket sufrimos un duro revés al conseguir la medalla de plata más amarga. Grande Pau, a pesar de todo. También vimos a Sudáfrica recuperar el trono del rugby a costa de la selección inglesa.

En el año que se nos va, la Fórmula 1 merece un apartado aparte. La rivalidad entre Alonso y Hamilton pasará a los anales de la historia del automovilismo, así como el modo en que McLaren regaló el Mundial a Ferrari cuando lo tenían más que ganado a dos carreras del final. Además, el 2007 es el año en que Fernando vuelve a casa por Navidad: su retorno a Renault nos vuelve a ilusionar a todos.

En el año que se nos va, nos dejó un futbolista que hizo grande el Sevilla. A punto de ser padre, a punto de jugar otra Supercopa de Europa, a punto de jugar su primera Eurocopa. Antonio Puerta descansa en paz. Nos dejó un sevillista para la eternidad. A más ver, campeón.

Los blancos, sin realizar un encuentro brillante, dominaron el partido de cabo a rabo de la mano de un enorme Baptista

 

Los siglos son muy cortos. De hecho, cada año se juegan dos ‘partidos del siglo’. Anoche se jugó el BarÇa-Madrid, y podríamos decir que la Liga española no es sino un largo BarÇa-Madrid. Los demás clubes se disputan algo así como las sobras de estos dos titanes, el premio de consolación; por eso, cuando la Liga la gana un equipo que no es el blanco o el blaugrana se trata de una temporada sorprendente y extraordinaria. Barça y Madrid chocan todas las semanas en la lejanía y, dos veces al año, lo hacen cara a cara. A sus aficionados sólo les importa la diferencia de puntos que haya entre el Barça y el Madrid; el resto de equipos forman parte del decorado de la tabla, el cual adolece de mayor o menor emoción, según el año. Porque en los últimos 23 años, el Madrid ha ganado 10 títulos de Liga, el Barça 9, 2 el Valencia y 1 Atlético de Madrid y Deportivo de la Coruña. Por todo ello, el de ayer era el partido rey del campeonato español: uno de esos partidos que dejan cicatrices en el orgullo del que pierde, pero una sonrisa malévola y feliz en el rostro de quien gana. Porque para eso sirven los clásicos, y no para otra cosa. Para ver el sufrimiento de cerca.

Lo de anoche fue más que un partido. El Barça-Madrid es un enfrentamiento sin reservas entre dos sentimientos que se necesitan tanto como se odian. Poco importan las estadísticas, los antecedentes, las posiciones en la tabla. Da igual. Lo que se juega es mucho más que eso; está en juego el honor, el sentirse superior a tu enemigo, el orgullo futbolístico. Por ello estos partidos los suele ganar el equipo que peor llega al choque, el que más se juega, el que más necesita la victoria. O sea, iba a ganar el Barça, que además jugaba en casa. Pero anoche no sucedió así. Los de Schuster llegaban con una doble autoridad no opinable: el Madrid es el último campeón y el actual líder. Un equipo fiable y competitivo que, sin realizar un juego brillante, aplasta a sus contrincantes.

El Madrid, sin realizar un partido espectacular, fue anoche muy superior a los culés tanto física como tácticamente, manejando el partido de principio a fin y sin ver peligrar el resultado en ningún momento. Cabe destacar la solidez en defensa del equipo, así como en mediocampo; Schuster dispuso un centro férreo que taponó todas las vías de juego al Barcelona. Pepe se graduó ante Etoo, siempre fiel a su cita con el gol ante los blancos, pero que anoche estuvo desparecido ante el central blanco. Un golazo de Julio Baptista decidió un clásico en el que hubo más intensidad que fútbol. Sólo Iniesta trató de hurgar en el pulcro entramado defensivo blanco. En resumidas cuentas, anoche fue el día de la Bestia… Baptista, quien se proclama con sus goles como mejor ‘fichaje’ del año junto al central Pepe. Y es que el brasileño está empeñado en dar la razón al técnico alemán, quien sentó a Guti y apostó por el él en una jugada arriesgada.

Rijkaard, por su parte, respetó la jerarquía y se suicidó de la mano de Ronaldinho, un jugador en el que ni siquiera se atisba posibilidad de mejoría, de volver a ser el grande de antaño. Habla muy bien del técnico holandés el hecho de que, en momentos difíciles como los vividos en Can Barça en los últimos tiempos, no negocie su sistema y siga apostando por el buen juego. Pero Rijkaard adolece de capacidad de reacción; optó por no arriesgar y alineó a Ronaldinho cuando todo indicaba lo contrario; así, focalizó la atención en el brasileño y su incipiente decadencia.

Como antes dije, este clásico sirve para ver el sufrimiento de cerca. Al alcance de la mano está la posibilidad de vencer a tu peor enemigo y, si es posible, de humillarlo. Evidentemente, también existe el peligro de ser el vencido y el humillado. Anoche España se polarizó: media gritó de alegría y la otra media lloró de pena. Para el Barcelona la derrota frente a los blancos en su propio feudo supone un agravio importante, un golpe seco y amargo en el estómago. El Madrid, por supuesto, es la otra cara de la moneda: la cara de la victoria en el Camp Nou, césped prohibido e inalcanzable para los blancos. La victoria cumbre para los aficionados merengues. En fin, mientras a unos se les atraganta el turrón, a otros les sabe más dulce que nunca. Anoche Baptista abrió una diferencia ‘bestial’ entre ambos equipos, pero una diferencia que no significa nada a falta de 63 puntos en juego. Fíjense en el Madrid de la temporada pasada. No es cómo se empieza, sino cómo se acaba.

Lo que sí es cierto es que esta Navidad es más ‘blanca’ que nunca, como también lo es el hecho de que en Barcelona se armó un belén de aúpa. Un belén al que no le faltan caganés.

Mañana se juega el Barça-Madrid. El partido más seguido de la Tierra. Un partido que suele ganar el orgullo del equipo más dolido; por eso siempre tiene más posibilidades de vencer el conjunto que peor llega al encuentro. Fíjense en lo que ocurrió en marzo del año que acaba. El Real Madrid visitaba el Camp Nou atravesando una de las peores crisis de su historia. Descolgado de la Liga y recién eliminado de la Champions, la plantilla envejecida irreversiblemente y un grupo de jóvenes valores a los que les quedaba grande la camiseta. El entrenador parecía incapaz de reconducir la debacle blanca, y el presidente adolecía de tintes de provisionalidad e incompetencia. Sumen a todo esto tres años sin títulos. Así pues, todo parecía indicar que el Camp Nou iba a ser la tumba, la puntilla para el Madrid. Sin embargo, de Barcelona salió un equipo fuerte y unido que completó una extraordinaria recta final, remontando el vuelo y ganando la Liga en la última jornada. De hecho, desde aquel partido de marzo los blancos reencontraron la senda de la victoria.

El Barcelona vive aún a día de hoy de aquel proyecto que inició Cruyff hace 20 años, pero reciclado y puesto al día. El Madrid sobrevive a sus constantes contradicciones; sólo hay que mirar el número ingente de entrenadores que han pasado por su banquillo en los últimos 10 años. Sin embargo, los títulos no han faltado y hay quien habla de una segunda época dorada.

Pero este clásico viene precedido de escaso aliciente, emoción, morbo. Ambos clubes llegan bien situados en la tabla y sin atravesar crisis profundas, a pesar de que se adivinen grietas en el casco del buque. De hecho, los “onces” aún no están claros. Schuster no sabe qué centro del campo alinear. Duda, especula. ¿Guti? Quizás. O tal vez no. A lo mejor en el segundo tiempo, según vea la cosa. Esto hace que muchos jugadores se consideren suplentes sin llegar a serlo, y viceversa. Y eso pasa factura. Vean si no lo de Alicante.

En el corral blaugrana tres cuartos de lo mismo. No obstante, Rijkaard parece que optará por un once sin Ronnie ni Deco. Una apuesta arriesgada. Pero quien no arriesga no gana. La prudencia y la experiencia piden que Ronaldinho juegue. Pero el brasileño no es el futuro del Barça; ni siquiera su futuro inmediato. Mucho menos su presente, le pese a quien le pese. Porque el Barcelona parece tener un equipo en transición, entre la nostalgia y el porvenir. Entre la nostalgia por las épocas gloriosas de antaño y el porvenir de unos jóvenes que pisan muy fuerte y son el futuro del Barça. De hecho, mañana no jugarán ni Messi, ni Henry, ni Ronnie; tres de los mejores jugadores de la década. Corren tiempos revueltos, pues.

Veremos quién se come agusto el turrón y a quién se le atragantan las navidades. El Barça puede apretar la tabla y colocarse a un solo punto de los de Schuster; el Madrid, por su parte, puede ponerse a siete puntos de los Rijkaard, una distancia considerable. Todo está por ver. Todos los frentes abiertos. La arena espera a los gladiadores. Después del Barça-Madrid restarán aún 63 puntos. Todo estará aún por ver.

Los mejores goles del Barça al Madrid:

Los mejores goles del Madrid al Barça: